Noches acústicas. Escribo mientras se termina de secar mi alma

pretexto que soñaba con ser texto

Tú reposas

Tú reposas
como una canción a punto de encenderse,
a punto de llorarse,
a tiempo de hundirse.
Y yo no olvido.
Tampoco olvido el sitio donde reposa el polvo
del ave que matamos hace siglos.
Quizás ahora el mundo sólo esté en reposo
y quizá yo te invento en un poema, lejos,
con el tiempo que dejas de la mano al viaje.
Después busco otro sitio donde no encontrarte.


Lo mismo

No importa si te borro

Ahora caigo en eso

Y me doy contra el suelo

Para que no me duela la distancia

No importa si te nombro

Te borro y te nombro

Te borro y te nombro

Te nombro

Para no equivocarme

Lo mismo te borro

Lo mismo no te borro

Lo mismo

Pero más inútil

Qué importancia le damos a las cosas comunes

Me decías

A quién le importa hoy lo que dijiste


Ruido de sombra

Nada sino las sombras del domingo. Ruido de imágenes falsas. Ruido de domingos, A veces, la violencia con que las sombras se arrebatan el contraste. Pero de ti… ni rastro.

Tal parece, criatura, que te has extraviado en la ciudad. tal parece que has salido a caminar y de pronto, olvidaste por dónde habías llegado, o de dónde venías. De atrás, sí, ¿pero de dónde?

Qué triste debe ser (muy en el fondo) pronunciar tu apellido con la misma emoción con la que digo puerta, punto, escaleras, matemáticas… Las matemáticas son simples (y hermosas). Esta belleza es fría, dura, absoluta… como un número. Qué triste.

Ruido de sombras compactas. Ruido de sombras imposibles. Ruido de sombras. De ti nada. Porque quizá ya no eres una sombra. Quizá nunca lo fueras. Porque las sombras no existen. Tú, sin embargo, sí. ¿O no? ¿No eras tú quién decía?:

La ciudad es inmensa, me da miedo. Yo la conozco toda, desde el deshuesadero hasta la torre. desde el barrio más pobre del margen más remoto… hasta los sitios más inaccesibles y exclusivos. Yo conozco la suerte de sus túneles, sus caminos aéreos. Ésta es la ciudad de los contrastes. Y yo siento que un día voy a perderme aquí, que empezaré caminando y  seguiré caminando hasta no recordar de dónde vengo. Nadie podrá decir, a ciencia cierta, si me vieron pasar por esta calle, nadie sabrá que estuve, si es que estuve, esperando el camión en esta esquina. O dirán que me vieron deambulando, preguntando la hora  desde los parques, preguntando por ella en otro idioma… dirán que estuve, que avancé, que pasé…. sin ninguna certeza. Y ésa tendrá que ser toda la historia que se pueda contar de mi persona: “Se fue. Se la tragó la tierra.” Pero eso, todavía no ha sucedido.

Tal parece, criatura, que te hemos perdido en la ciudad.


Inventación (I)

Que tus ojos ya invaden la ciudad y por las noches, dicen

que parecen letreros de neón que te señalan, hablan

el acceso a un infierno

 

 y a un deseo, dicen

que tu cuerpo se abre como una invitación,

inventacion,

y que la muerte danza

aproximándose.