Noches acústicas. Escribo mientras se termina de secar mi alma

Lo evidente

Quiero decir que lo amo mientras ese demonio tragavoces se entretiene en los parques seduciendo a la hija del sepulturero, digo, del cerrajero. No le dará la llave del tesoro, pero qué nos importa. Quiero decir, decirle que lo amo mientras me queda un gramo de ternura en el cuerpo, que haga nidos aquí su indiferencia. Porque será lo último que reciba de él.

Pongo en esta charola mis sueños desnutridos, abran todas las puertas y que vengan, las aves de carroña. Es tiempo, sí. Pobres perros sin dueño, y qué felices. Pobres niños hambrientos que sacudían estrellas en las plazas, ¿cómo podían gritar con la garganta seca?, ¿cómo podían pensar con sus estómagos desiertos? Nadie puede soñar con el corazón roto. Por eso tú. Ve, mi pequeña arpía, corre a decirle algo importantísimo. No le digas que estoy, no le cuentes de mí. No le susurres nada.

Aída, pequeña lápida, no me pongas tu piel hasta que el hambre vuelva a desmayarme. No repitas su nombre si no estoy borracha.

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Una respuesta

  1. ella Aída es sublime, siniestra, estetica aunque todo pretenda ser un antipoema…

    1 mayo, 2013 en 21:58

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